.
«¡Nunca más volverás a verme! ¡Te lo juro!», gritó ella. Sus pies trastabillaron mientras se dirigía a la salida, luego de aquella ruptura amorosa. El portazo subsiguiente propició una ventisca que desaliñó un mechón oscuro y lacio sobre las gafas ambarinas de un hombre que, sentado en una silla en el centro de la habitación, cogía con su mano izquierda los mangos de dos bastones y alternaba, con la diestra, caricias a dos lazarillos echados a sus pies.
Nadie vio, y Dios lo sabe, la galería incompleta de dientes grises que aquel hombre mostraba mientras reía al escuchar el estrépito lastimoso con que la mujer recién ida rodaba por las escaleras, incapaz de bajarlas ilesa sin la ayuda de su perro y de su bastón.
Jose Luis Enciso
.
.

6 comentarios:
Biennn, ahora tengo dos blogs donde (per)seguirte xD
Uyuyuy, no serás un maniaco de esos, no? jeje. Bueno, si es así no me lo cuentes que te estoy empezando a tomar cariño aunque sólo sea porque eres mi mejor comentarista, jeje.
No sé si esta entrada debería darme lástima o risa. O las dos.
Pero me gusta.
Saludos.
Jajajaja, por interés eh!!!
Pancho me alegro de que te guste, intento robar los textos adecuados, pero a veces se me va la pinza.
Y bueno inquilino, qué te voy a decir, me has visto el plumero =P
Yo creo que es un muy buen relato, con cierto humorismo negro, tal vez por eso lo de la lástima y la risa de las que se hablan en otro comentario. Vi más textos de este autor en tu blog y me parecen interesantes. Lo busqué en internet y veo que ya tiene su trayectoria, con premios internacionales y todo. Muchas joyitas en tu blog. Besazo.
Publicar un comentario