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—¡Socorro! —gritó.
—¡Auxilio! —volvió a gritar.
—¡Ayuda!
Y los que iban a rescatarlo dejaron de correr: no sería tan grave lo suyo, si aún le quedaban ganas de buscar sinónimos.
—¡Auxilio! —volvió a gritar.
—¡Ayuda!
Y los que iban a rescatarlo dejaron de correr: no sería tan grave lo suyo, si aún le quedaban ganas de buscar sinónimos.
Miguel Ibánez de la Cuesta
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