jueves, 25 de junio de 2009

Los dioses

.
El rostro de los dioses se asomaba al abismo y allí los hombres mínimos se destrozaban los unos a los otros llenos de pasión. Los dioses de faz serena sonrieron una vez más y dijeron:

-Todavía no.


Salarrué
.

domingo, 21 de junio de 2009

La tela de Penélope

.
Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.

Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.

De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.


Augusto Monterroso
.

lunes, 15 de junio de 2009

El imán

.
Había una vez un imán y en el vecindario vivían unas limaduras de acero. Un día, a dos limaduras se les ocurrió bruscamente visitar al imán y empezaron a hablar de lo agradable que sería esta visita. Otras limaduras cercanas sorprendieron la conversación y las embargó el mismo deseo. Se agregaron otras y al fin todas las limaduras empezaron a discutir el asunto y gradualmente el vago deseo se transformó en impulso. ¿Por qué no ir hoy?, dijeron algunas, pero otras opinaron que sería mejor esperar hasta el día siguiente. Mientras tanto, sin advertirlo, habían ido acercándose al imán, que estaba muy tranquilo, como si no se diera cuenta de nada. Así prosiguieron discutiendo, siempre acercándose al imán, y cuanto más hablaban, más fuerte era el impulso, hasta que las más impacientes declararon que irían ese mismo día, hicieran lo que hicieran las otras. Se oyó decir a algunas que su deber era visitar al imán y que hacía ya tiempo que le debían esa visita. Mientras hablaban, seguían inconscientemente acercándose.

Al fin prevalecieron las impacientes, y en un impulso irresistible la comunidad entera gritó:

-Inútil esperar. Iremos hoy. Iremos ahora. Iremos en el acto.

La masa unánime se precipitó y quedó pegada al imán por todos lados. El imán sonrió, porque las limaduras de acero estaban convencidas de que su visita era voluntaria.


Oscar Wilde
.

jueves, 11 de junio de 2009

Muerte de un estilista

.
—¡Socorro! —gritó.

—¡Auxilio! —volvió a gritar.

—¡Ayuda!

Y los que iban a rescatarlo dejaron de correr: no sería tan grave lo suyo, si aún le quedaban ganas de buscar sinónimos.


Miguel Ibánez de la Cuesta
.

sábado, 6 de junio de 2009

Arqueología alternativa

.
Escribía tanto que se le acabaron borrando las letras al teclado de su ordenador. Entonces decidió que ya había escrito o vivido lo suficiente. Un experto en arqueología alternativa aplicada a las yemas de los dedos, después de un estudio pormenorizado del que ahorraremos los detalles, pudo reconstruir, una a una, sus últimas palabras. Decían: Quiero dejar de escribir.


Javier Cánaves
.